jueves, septiembre 09, 2004

Entrevistamos a Lolo Freak


Aún no sabe que es clavado al Dr. Furter

En esta emisión, tuvimos el honor de contar con la presencia de Lolo Freak, socio fundador del Movimiento Freak. El grupo no está muy organizado, pero tiene un claro inicio en el momento en el que algunos de sus miembros estaban viendo la película “Los Idiotas” y decidieron que podían hacer lo mismo que los protagonistas: hacer el deficiente mental aquí y allá.

Episodios anteriores: madrugar para hacerse una paja encima del pan de un convento, mear en la entrada del Forum de Barcelona o montarse en un coche desnudos y hacer un tour ante la admiración de camioneros y taxistas.

Ojo, Lolo Freak se quiere distinguir de los “friquis” como Tamara, que no dan para más. Ellos son freaks, conscientes de su papel y nobles herederos de las criaturas de “La parada de los monstruos”, otra película fetiche. Se siente indignado ante la falta de compromiso de algunos curiosos. El asunto es divertido, pero serio también.

Próximo episodio: Ir a Las Urdes vestidos de Drag cual reinas del desierto. Los que se apunten, pónganse en contacto; no es broma. Lolo espera que algún lugareño les de cobijo. Por si acaso, aconsejamos llevar saco además de las perlas.

CONTACTOS
Lolo Frak: badulaco@hotmail.com
O a través de nosotros

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¿Nuclear?, quizás


La pancarta de siempre empequeñece

El 87% de la energía la obtenemos quemando petróleo. Dependemos de los combustibles fósiles para seguir funcionando y dentro de medio siglo, necesitaremos el triple de energía. Ni queda suficiente petróleo, ni la atmósfera podrá aguantar la emisión de CO2 que también genera la quema de otros comustibles como el carbón. El tratado de Kyoto dicta el dificil compromiso de reducir en un 8% la emisión de este gas para evitar el cambio climático.

Algunos ecologistas como Bjorn Lomborg, ex-greenpeace o James Lovelock, creador de la teoría Gaia, lo están diciendo en contra de otros ecologistas recalcitrantes: no vamos a conseguirlo sin la ayuda de la energía nuclear.

Las energías en las cuales pusimos nuestras verdes esperanzas, la eólica, la solar, la biomasa, son muy prometedoras a largo plazo, pero no van a resolver el urgente problema, no son tan baratas, tan eficientes y tan versátiles como deberían.
El accidente de Chernobyl, en 1986, disparó una reacción de la opinión pública que dura hasta hoy, a pesar de que no ha vuelto a pasar nada y que los fallos sin consecuencias han disminuido a la décima parte entre 1900 y 2000. Además, las nuevas generaciones de reactores son mucho más pequeñas, rentables y seguras. Que cada cual piense lo que quiera.
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Desestabilización Cultural, 2004

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